4 Aug 2016

EL ENTRENADOR

EL ENTRENADOR

Hoy me apetecía dedicarle unas líneas a todas esas personas que se dedican a la apasionante y a la vez difícil tarea de ser entrenador.

Tengo la suerte de estar en los dos bandos. Tengo entrenador y soy entrenador y he de decir que las dos situaciones me han aportado las mejores experiencias vitales que he podido tener. Sin embargo, la segunda tarea (ser entrenador) es la más difícil. La experiencia me ha ido demostrando que para ser un buen entrenador tienes que conocer muy bien a la persona que deposita en ti sus ilusiones y saber, por encima de todo, cual es su verdadera motivación a la hora de comenzar a trabajar contigo. La labor del entrenador va más allá de una planificación de estímulos y cargas de trabajo en base a los resultados fisiológicos obtenidos por el deportista en una prueba de esfuerzo. Tengo muchísima suerte con mi entrenador, nuestra relación va más allá del entrenamiento, podría decirse que es una especie de padre, un amigo. Me ha enseñado a que el deporte no son matemáticas y que de nada sirve una genética privilegiada si tu cabeza no está entrenada. Y es que el cerebro es el músculo más poderoso que puede tener un fondista. Así que ya sabéis, a entrenarlo.

A veces los atletas somos muy injustos con nuestro entrenadores. Cuando estamos pasando una mala racha, no obtenemos el resultado que esperábamos o simplemente los entrenamientos no salen bien, tendemos a cargarle la culpa al entrenador. Pero antes de esto deberíamos preguntarnos si realmente estamos teniendo una actitud positiva ante los entrenamientos, si hacemos todo lo posible por dar lo mejor de nosotros mismos en el día a día y lo más importante, si confiamos en lo que nuestro entrenador nos pide en cada sesión. La confianza atleta/entrenador es un pilar fundamental, si nosotros mismos no creemos en lo que estamos haciendo, es mejor replantearse la situación y preguntarse que es lo que queremos o hasta donde queremos llegar en nuestro deporte. Tenemos que tener en cuenta de que nuestro entrenador no tiene una varita mágica que al agitarla nos pone en forma. Es mucho el tiempo que el entrenador dedica a “calentarse” la cabeza para ver que tipo de estímulo será mejor en cada momento para nosotros teniendo en cuenta muchos factores como el trabajo, la familia, estado de ánimo… igual que nosotros no somos robots que ejecutamos las pautas sin pensar, los entrenadores no son magos y no pueden conseguir que corramos sin esfuerzo.

Tengo mucho que agradecerle a Paco Arcilla, mi entrenador. Son muchos años subidos en un mismo barco, dedicándole muchas horas a mi pasión, correr. Y durante casi 10 años ha estado preocupado de que disfrute corriendo sin importarle los resultados que pudiera conseguir.

Hoy sólo pido un fuerte aplauso para nuestros entrenadores.

 

Nos vemos en las montañas.

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