22 May 2017

Kilian

Kilian

En todos los deportes siempre hay una persona que destaca por encima de las demás, bien por sus resultados, bien por su carisma o personalidad, incluso hay personas que destacan por su capacidad mediática. En mi deporte, las carreras de montaña, hay una persona que destaca por encima del resto, alguien que ha sido capaz de revolucionar y abrir el camino de nuevos conceptos en el deporte de montaña. Todos o casi todos sabéis que hablo de Kilian Jornet. 

 

No voy a hablar de su extraordinaria capacidad física. Tampoco voy a hablar de las numerosas victorias que ha cosechado o todos los records que a destrozado. No quiero tampoco hablar de la capacidad que tiene de comunicar y transmitir emociones que me quiero centrar en un aspecto que para mi lo hacen realmente único y por lo que creo que debería ser un ejemplo ha seguir, por encima de su forma de correr, esquiar o vivir la montaña. Ese aspecto del que hablo, es la forma de afrontar la vida, algo a lo que todos nos enfrentamos pero que muy pocos son los valientes que DECIDEN como la quieren vivir. 

 

Desde que nacemos, la sociedad nos introduce en una especie de espiral de la que es muy difícil salir. Nos educan para formar parte de un sistema en el que es difícil tomar decisiones acordes a nuestros sentimientos, emociones. Es más, nos educan para que nos emocionemos con cosas banales. Cuando somos pequeñitos, nos llevan al colegio, con el objetivo de que nos formemos intelectualmente y como personas. Nos enseñan lo que está bien y lo que está mal, que es divertido y que es aburrido. Poco a poco vamos creciendo y sin darnos cuenta el sistema nos va atrapando. Nuestro objetivo comienza por conseguir terminar unos estudios que tengan salida, futuro... Cuando hemos terminado los estudios, nos fijamos la meta de conseguir un trabajo bueno, que ganemos suficiente dinero como para mantener una familia. Luego llega casarse, tener hijos, comprarse una casa... Ya estamos completamente absorbidos por el sistema. Queremos un coche bueno, cambiar nuestro móvil, comprar ropa de la nueva temporada… Nuestro objetivo es acumular y acumular bienes materiales. Y sin embargo nunca nos llegamos a ver saciados, siempre queremos más. Y nos hipotecamos, nos endeudamos para seguir acumulando más materia… Así funciona el sistema. Nos convierte en autómatas, consumidores compulsivos y adoradores de falsos ídolos que podemos encontrar en los programas telebasura o en el deporte rey. Conozco a muy pocos que no sean esclavos del sistema.

 

Mi admiración por Kilian no viene dada por todos los títulos que posee, ni los records, ni su forma de correr… lo que realmente admiro de él es su capacidad de independencia y su valentía a la hora de decidir lo que ha querido hacer con su vida. He tenido el privilegio de compartir algunas charlas con él que me han confirmado que realmente es una persona libre y que su objetivo en la vida no es otro que disfrutar, dejarse invadir por las emociones que transmite la libertad de poder decidir. Lo ha ganado todo, tendría la posibilidad de vivir como un auténtico millonario, tener un coche deportivo o una mansión de lujo en el corazón de los Alpes y sin embargo su objetivo no es otro que ganar tiempo para acumular experiencias, emociones… El tiempo es ese gran olvidado, no nos damos cuenta de que es el mayor lujo al que podemos optar. 

 

Admiro y envidio a Kilian y en cierto modo intento seguir sus pasos, es decir, cada día intento ser un poco más libre. Intento ganar tiempo y ojalá algún día pudiera salir del sistema como el lo ha conseguido. Si queréis admirar a Kilian, no sólo os fijeis en su palmarés. Su forma de entender la vida es el camino más bonito, gratificante y emocionante que se pueda escoger pero a la vez es el más difícil.

 

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